Vivimos en una época en la que cualquier cosa siempre va a dejar un rastro. En mi caso, desde la primera foto que tomé en mi celular BlackBerry, hasta el último repost de Tik Tok que hice ayer en la madrugada. A esto se le llama la cultura del registro: un espacio donde cada palabra, imagen o reacción queda guardada en algún lugar de la nube. Muchísimos años antes, si llegabas a hacer algo vergonzoso, puede que a la semana la gente lo olvidaría, pero hoy, el internet se encarga de pausarlo y recordarlo cada vez que alguien escribe tu nombre en alguna plataforma.
La cultura del registro no solo se enfoca en lo digital, de hecho, también se encuentra en los diarios, cartas, en los archivos históricos, contratos o incluso en las llamadas, cada uno dejando una evidencia de algo en específico. Sin embargo, lo que ha pasado en el transcurso del tiempo es que hoy en día este fenómeno es más rápido y con una magnitud bastante fuerte.
Aquí es donde entra la ley de Kidlin, la cual formula que, si puedes escribir el problema con claridad, lo tienes medio resuelto. Muchas veces nuestra mente le da muchas vueltas a un problema, nos sentimos tan abrumados que creemos que no existe ningún tipo de solución, sin embargo, escribir obliga a que uno piense, ordenas tus ideas, dejas un registro y se convierte en algo que puedes analizar detalladamente.
Por ejemplo, una persona dice: “Quiero renunciar en el trabajo”, esa afirmación es muy general, es muy diferente si escribe: “Quiero renunciar en el trabajo porque tengo 3 trabajos pendientes y no me alcanza el tiempo, mi jefe me sigue presionando y la verdad ya no me siento tranquilo”. Teniendo esto escrito, el problema ya es más visible y concreto, por lo tanto, al plantear las causas, es más fácil encontrar una solución para este.
Pero para comprender realmente lo que registramos, necesitamos tener en cuenta 4 niveles de lectura. El primero es el nivel literal, el cual consiste en entender exactamente lo que pasa al frente de nosotros. Si alguien llega y dice “Me voy a casar”, literalmente es que esa persona se va a casar, no existe un trasfondo.
Luego está el nivel inferencial, que implica profundizar más en el mensaje. Tal vez no solo se va a casar, sino que también podemos inferir que es uno de los cambios más importantes en su vida, que está pasando por muchas emociones en ese momento y que si compartió esa información con alguien es porque quiere que este haga parte de ese proceso de vida.
El tercer nivel es el intertextual, que es cuando relacionamos un mensaje con otros contextos. Por ejemplo, si alguien publica una foto con un computador desde la playa con una frase tipo “Trabajando siempre”, se va a asociar con un trabajo remoto, donde puede trabajar desde cualquier parte.
Finalmente, está el nivel analítico crítico propósitivo, que no solo es interpretar, sino cuestionar o proponer. Así como dijo el profe en clase, es preguntarse: ¿qué preguntas me llevan más allá? Dejamos de ser un sujeto pasivo a uno activo, donde empezamos a reflexionar sobre cada cosa que pasa y su posible efecto en el futuro.
Estos niveles son muy importantes en la era de la huella digital. Todo lo que hacemos en internet va formando un tipo de “biografía” o “hoja de vida” de cada persona. A veces se cree que nadie está observado, pero en realidad el internet es como un humano más, el cual tiene una capacidad de memoria infinita.
Imaginen este caso: eres una persona adicta a las compras, y tu marca favorita es Nike, casi todo tu closet está lleno de prendas de esta marca. Por situaciones del destino, necesitas un empleo urgente y el único lugar donde hay una vacante, en un puesto muy importante, es Adidas. Con mucho optimismo aplicas al puesto, pasas tu hoja de vida y te entrevistan, pero no sabías que te iban a preguntar tu cuenta de Instagram. Sin darle mucha importancia, se las enseñas y lamentablemente, sin demorarse mucho, el entrevistador te dice: “No esperes una llamada, no estás contratado”. Inmediatamente no entiendes qué ha pasado, tu hoja de vida es perfecta y ¿solo por ver tu cuenta de Instagram te van a decir que no? Al salir de la entrevista, te das cuenta de que casi el 80% de tus post e historias son con ropa Nike, era evidente un no por respuesta. Son políticas de la empresa, esta no va a contratar a alguien que prácticamente está del lado de la competencia.
Es curioso que solo por un “me gusta”, o en este caso por usar una prenda de ropa, pueda afectar tu vida personal y profesional en algún momento de tu vida. Un like comunica muchas cosas, este puede significar “estoy de acuerdo”, “sí soy”, “quiero que otros vean que lo vi”, etc.
Cabe aclarar que una reflexión de esto no es empezarle a tener miedo a publicar en un medio digital. Significa ser conscientes de cada botón que oprimimos.
Además, la cultura del registro también tiene un lado bueno. Gracias a esta, podemos recordar buenos recuerdos, documentar experiencias, investigar temas de preferencia o simplemente aprender. Es como cuando te pones a ver tu galería de fotos viejísimas, tipo 2016, o cuando usabas filtros en Snapchat, o algún recuerdo con una persona que lamentablemente falleció o ya no se encuentra en tu vida por alguna razón.
Después de profundizar en temas tan importantes en este 2026, surge una pregunta relevante: ¿estamos usando la cultura del registro para construir la mejor versión de nosotros mismos o simplemente estamos dejando una evidencia de que estamos vivos sin pensar en qué podríamos construir?
Isabella Melgarejo
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