martes, 21 de abril de 2026

Bitácora 10 - De los prejuicios a los datos

Hay clases que uno siente que pasan sin dejar mucho, y hay otras que se quedan rondando en la cabeza todo el día. Esta sesión fue de las segundas. No solo porque hablamos de feminismo, que ya de por sí abre mil preguntas, sino porque también hablamos de herramientas concretas de investigación como las encuestas y las escalas de Likert y Guttman. Y lo interesante es que todo eso, que suena súper técnico, en realidad está mucho más presente en la vida cotidiana de lo que uno cree.

Empiezo por un tema bastante controversial, el feminismo, leer la bitácora de María José fue la mejor manera de empezar la clase, ya que ella logró abarcar temas muy profundos y conecto con cada chica de la clase, incluso creo que a los hombres tambien les impacto la cantidad de historias tristes que hay detrás de cada mujer.  A veces se piensa que el feminismo es solo una postura “radical” o algo que divide, pero en clase lo entendí más como una herramienta de análisis. Es decir, no es solo una opinión, sino una forma de mirar el mundo y cuestionar cosas que muchas veces damos por normales.

Es importante reconocer que el feminismo no es un bloque único ni perfecto. Hay debates internos y posturas distintas. De hecho, hay críticas que señalan que, en algunos casos, el discurso feminista actual puede desviarse de su objetivo principal. Como plantea el argumento que encontré, “decir que las feministas fustigan a los hombres parece un cliché… el motivo central del feminismo es la lucha por la igualdad” (Young et al., 2016), pero también se menciona que parte de la retórica actual ha pasado de criticar el sexismo a enfocarse directamente en los hombres, señalando comportamientos cotidianos como si fueran condenas absolutas. Esto me hizo pensar bastante, porque sí he visto situaciones donde cualquier desacuerdo se interpreta como ataque o complicidad. Y ahí es donde uno entiende que analizar también implica cuestionar incluso las posturas con las que uno simpatiza.

Y justo ahí entra lo metodológico. Porque no basta con decir “yo siento que pasa esto”, sino que en investigación toca demostrarlo, medirlo, analizarlo. Y ahí aparecen las encuestas. Algo que me gustó mucho de la clase es que bajamos todo esto a lo práctico: cómo diseñar preguntas, cómo evitar sesgos, cómo hacer que la información realmente sirva. Porque uno cree que hacer una encuesta es solo preguntar cosas, pero en realidad hay todo un trabajo detrás.

Por ejemplo, la escala de Likert. Antes la veía como “marque de 1 a 5 qué tanto está de acuerdo”, pero ahora entiendo que es una forma de medir percepciones que no son blanco o negro. Y eso pasa todo el tiempo. No es lo mismo estar “de acuerdo” que “totalmente de acuerdo”, y esa diferencia dice mucho. Es como cuando te preguntan si te gusta un plan. No es lo mismo decir “sí, está bien” a decir “me encanta, de una voy”. En una encuesta, esa diferencia se traduce en datos que después se pueden analizar.

La escala de Guttman, en cambio, me pareció más curiosa porque es como una escalera. Cada respuesta implica que aceptas la anterior. Es acumulativa. Me hizo pensar en cosas cotidianas también. Por ejemplo, si alguien dice: “Estoy dispuesto a escuchar sobre una religión nueva”, eso es un nivel. Pero si dice: “Iría a una charla”, ya es otro más alto. Y si dice: “Me uniría a la comunidad”, ya es el nivel más alto. Es como un proceso de involucramiento progresivo.

Y aquí es donde todo se conecta con mi experiencia en Scientology. Diseñar una encuesta sobre este tema me parece demasiado interesante porque es un espacio donde las percepciones están súper cargadas de prejuicios, curiosidad y desconocimiento. Antes de ir, yo misma tenía ideas medio extremas: que era raro, peligroso, casi como una secta misteriosa. Pero después de la visita, mi percepción cambió, o al menos se volvió más compleja.

Si yo tuviera que diseñar una encuesta sobre Scientology, empezaría con preguntas demográficas básicas: edad, género, nivel educativo. Eso es clave porque no todo el mundo percibe estas cosas igual. No es lo mismo preguntarle a alguien de 40 años que a un universitario. Luego vendrían preguntas más temáticas, como: “¿Has escuchado sobre Scientology?” o “¿Qué tan confiable te parece esta comunidad?”.

Después incluiría una escala de Likert, por ejemplo:

·      “Scientology es una organización confiable”

·      “Scientology aporta al bienestar personal”

·      “Las prácticas de Scientology generan desconfianza”

Y la gente marcaría desde “totalmente en desacuerdo” hasta “totalmente de acuerdo”. Esto permitiría ver matices, no solo opiniones extremas.

Para la escala de Guttman, lo pensaría más como niveles de acercamiento, algo así como:

·       Estaría dispuesto a leer sobre Scientology

·       Estaría dispuesto a ver un video informativo

·       Estaría dispuesto a visitar una sede

·       Estaría dispuesto a participar en una actividad

·       Estaría dispuesto a ser parte de la comunidad

Aquí se vería claramente hasta qué punto llega la disposición de una persona. Porque alguien puede estar curioso, pero no necesariamente comprometido.

Algo que me pareció clave de la clase fue el tema de la validación. Porque uno puede hacer preguntas, pero si están mal formuladas, los resultados no sirven. Es como cuando uno le pregunta a un amigo: “¿Te gustó la canción?” y responde “sí”, pero en realidad le pareció normal. Si no das opciones claras, la información se queda corta. Validar una encuesta es asegurarse de que realmente mida lo que uno quiere medir.

Y volviendo al feminismo, creo que estas herramientas también sirven para analizar ese tema. Por ejemplo, uno podría hacer una encuesta sobre percepciones de igualdad en el entorno universitario. Y ahí se podrían encontrar cosas interesantes: quién siente que tiene más oportunidades, quién se siente escuchado, quién no. A veces uno cree que todo está bien hasta que ve los datos.

Lo que más me quedó de la clase es que investigar no es solo algo académico lejano. Está en todo. En cómo preguntamos, en cómo interpretamos respuestas, en cómo entendemos el mundo. Incluso en cosas tan simples como un test de personalidad, como el que hice después de visitar Scientology. Ese test también es una forma de encuesta, con escalas, con interpretaciones… y con un montón de cosas que pueden influir en cómo uno se ve a sí mismo.

En conclusión, siento que esta clase me dio herramientas para cuestionar más y mejor. No solo desde la opinión, sino desde el análisis. Y eso es clave, porque vivimos en un mundo donde todo el mundo opina, pero no todo el mundo sustenta. Aprender a medir, a preguntar y a interpretar es, de alguna forma, aprender a entender mejor la realidad.

Se podría afirmar, que tanto el feminismo como la investigación tienen algo en común: ambos buscan hacer visible lo que muchas veces pasa desapercibido. Y cuando uno empieza a ver, ya no hay forma de dejar de hacerlo.

Referencias:

Young, C., Young, C., & Young, C. (2016, 15 julio). Las feministas tratan mal a los hombres. El País. https://elpais.com/elpais/2016/07/04/opinion/1467635693_524761.html


       



jueves, 2 de abril de 2026

Bitácora 9 - Otras formas de ver

A veces uno está viendo una película con alguien y pasa algo curioso: mientras tú piensas que una escena es súper profunda y triste, la otra persona dice “meh, normal”. Ese momento, que parece tan simple, en realidad dice mucho sobre cómo entendemos la realidad. No todos vemos lo mismo, aunque estemos mirando exactamente la misma pantalla. Y ahí es donde empiezan a tener sentido los paradigmas de investigación: distintas formas de ver, interpretar y analizar el mundo.

Cuando hablamos de “paradigma”, no estamos hablando solo de una teoría complicada, sino de una especie de lente con el que miramos la realidad. Siguiendo la idea de Thomas Kuhn, un paradigma es como ese conjunto de creencias que compartimos y que nos dice qué es importante, qué cuenta como conocimiento y cómo debemos investigarlo. No es solo “qué pensamos”, sino “cómo pensamos”. Y eso cambia completamente la forma en que analizamos cualquier fenómeno, incluyendo algo tan cotidiano (y tan importante para mí) como el cine o las series.

Dentro de los paradigmas que trabajamos en clase, hay tres que marcan diferencias muy claras: el positivista, el interpretativo y el sociocrítico. Cada uno responde de manera distinta a preguntas básicas: ¿qué es la realidad?, ¿cómo la conocemos? y ¿cómo la estudiamos?

El paradigma positivista es el más “científico”. Parte de que la realidad es objetiva, que está ahí afuera y que se puede medir. Aquí lo importante son los datos, los números y la posibilidad de comprobar cosas. Por ejemplo, si analizamos una película desde este enfoque, podríamos contar cuántas escenas de acción tiene, cuánto duran los diálogos o incluso hacer encuestas para ver si al público le gustó o no. Todo se vuelve medible. La idea es encontrar patrones que se puedan repetir y generalizar.

Pero siendo sincera, cuando pienso en el cine, este enfoque se me queda corto. Sí, puede ser útil para ciertas cosas, como entender tendencias de consumo o qué tipo de películas funcionan más en la taquilla. Pero el cine no es solo números. No vemos películas para contar escenas, sino para sentir algo, para conectar, para interpretar.

Ahí es donde entra el paradigma interpretativo, que personalmente me parece mucho más cercano a lo que me interesa. Este paradigma dice que la realidad no es una sola, sino que depende de cómo la vive cada persona. Aquí lo importante no es medir, sino entender. Las emociones, las experiencias y los significados son el centro.

Volviendo al ejemplo de la película: desde este enfoque, no importa tanto cuántas veces aparece un personaje, sino qué significa ese personaje para quien lo ve. Una misma historia puede generar interpretaciones completamente distintas. Por ejemplo, una serie puede ser vista por alguien como una historia de amor, mientras que otra persona la interpreta como una crítica social. Ninguna está “mal”, simplemente son formas distintas de ver lo mismo.

En el campo audiovisual, esto es clave. Las películas, las series, incluso los videos en redes, están llenos de significados que no se pueden medir con números. Se construyen a partir de símbolos, narrativas y emociones. Por eso, herramientas como entrevistas o conversaciones (como las que hacemos con rapport) son mucho más útiles que una simple encuesta.

Luego está el paradigma sociocrítico, que me parece aún más interesante porque no se queda solo en entender, sino que quiere cambiar las cosas. Este enfoque dice que la realidad no es neutral, que está llena de desigualdades y relaciones de poder. Entonces, investigar no es solo observar, sino también cuestionar y transformar.

Si lo llevamos al cine, este paradigma nos hace preguntarnos cosas como: ¿por qué casi siempre los protagonistas son de cierto tipo?, ¿qué estereotipos se repiten?, ¿a quiénes no se les da voz? Por ejemplo, muchas películas han sido criticadas por cómo representan a las mujeres o a ciertas culturas. Desde el enfoque sociocrítico, no solo analizas eso, sino que buscas generar conciencia sobre esos problemas.

Comparando los tres paradigmas, es claro que cada uno cambia completamente la forma de ver un mismo fenómeno. Si volvemos a una película con contenido violento, el positivista contaría las escenas y mediría su impacto; el interpretativo intentaría entender qué significa esa violencia para el espectador; y el sociocrítico analizaría cómo esa representación puede influir en la sociedad o reforzar ciertas ideas.

En mi caso, que estoy muy interesada en todo lo audiovisual en el cine, siento que el paradigma interpretativo es el que más me sirve, porque me permite analizar lo que realmente me importa: los significados, las emociones, las historias. Sin embargo, también creo que el sociocrítico es clave, porque no se puede ignorar el impacto social que tienen los contenidos que consumimos. Al final, siento que combinar ambos es lo más completo.

Por otro lado, el tema del rapport fue algo que me hizo aterrizar todo esto a algo mucho más real. Básicamente, el rapport es esa capacidad de generar confianza con otra persona para que la conversación fluya de manera natural. No es solo hacer preguntas, sino crear un ambiente donde la otra persona se sienta cómoda.

En mi caso, tuve una conversación con una amiga sobre las series y películas que le gustan. Desde el inicio traté de que no se sintiera como una entrevista. Empecé hablando de mi serie favorita que ya he visto 5 veces (team Grey´s Anatomy por siempre), eso ayudó a que ella también se soltara. No fue como “responde esto”, sino más como una charla normal.

Algo que hice fue usar preguntas abiertas, tipo “¿qué fue lo que más te gustó de esa serie?” en vez de preguntas de sí o no. También traté de escuchar de verdad, no solo esperar a que terminara para hacer otra pregunta. Asentía, hacía comentarios, y eso hizo que la conversación se sintiera más natural.

Al principio, sus respuestas eran un poco básicas, como “me gustó porque es entretenida”, pero poco a poco empezó a profundizar más. Llegó un punto en el que empezó a hablar de cómo se sentía identificada con ciertos personajes y cómo algunas historias le recordaban cosas de su vida. Ahí fue cuando sentí que el rapport sí estaba funcionando.

Igual, no todo fue perfecto. Hubo momentos en los que la conversación se desviaba mucho del tema, y me costaba volver sin que se sintiera forzado. También noté que generar confianza toma tiempo, no es algo inmediato.

En conclusión, entender los paradigmas de investigación no es solo algo “académico” que sirve para pasar una materia, sino una forma de volverse más consciente de cómo uno mira el mundo. Darse cuenta de que no existe una única manera de entender la realidad cambia mucho las cosas: te hace cuestionar lo que ves, lo que consumes y hasta lo que das por hecho. Experiencias como aplicar el rapport demuestran qie escuchar de verdad, generar confianza y conectar con alguien también es una forma de conocimiento, una que no se mide con números, pero que puede ser incluso más valiosa.

Queda una pregunta que va más allá de la clase o de escribir esta bitácora: si todos vemos el mundo desde perspectivas distintas, ¿cuántas cosas estamos dejando de entender solo porque creemos que nuestra forma de verlas es la única?

Bitácora 13 - No es solo el sexto sentido

Muchas veces me amigas o familiares me han dicho que están bien, pero en realidad sus caras demuestran todo lo contrario. Es un sentimiento ...