martes, 12 de mayo de 2026

Bitácora 13 - No es solo el sexto sentido

Muchas veces me amigas o familiares me han dicho que están bien, pero en realidad sus caras demuestran todo lo contrario. Es un sentimiento raro, porque uno en su intuición y más en el de las mujeres sabemos que algo anda mal, ya sabemos todas que tenemos un sexto sentido y si te preguntamos “qué te pasa” nosotras en realidad ya sabemos las respuestas solo esperamos que esa persona nos diga la verdad. Tal vez por unos ojos cansados, una sonrisa forzada o ese gesto incómodo que dura menos de un segundo se puede notar la verdad. Lo curioso es que hacemos eso todo el tiempo sin darnos cuenta: intentamos leer las emociones de las personas a través de sus expresiones. Y justamente ahí es donde entra Paul Ekman, un psicólogo que prácticamente dedicó su vida a demostrar que el rostro humano habla mucho más de lo que creemos. Sus investigaciones sobre las emociones, las microexpresiones y el lenguaje corporal cambiaron la forma en que entendemos la comunicación humana, hasta el punto de inspirar series como Lie to Me y colaborar con el FBI para detectar posibles mentiras.


Paul Ekman es uno de esos psicólogos que, incluso si alguien nunca ha leído un libro de psicología, probablemente ya ha visto su trabajo reflejado en series, películas o incluso en sectores como el de la policía o detectives donde la gente intenta “leer emociones” en el rostro de los demás. Su investigación sobre las expresiones faciales cambió completamente la manera en que entendemos las emociones humanas y abrió preguntas bastante incómodas pero interesantes: ¿de verdad podemos esconder lo que sentimos?, ¿la cara nos traiciona, aunque intentemos actuar?, ¿una emoción se ve igual en cualquier parte del mundo?


Ekman dedicó gran parte de su vida a estudiar cómo las emociones aparecen en el rostro humano. Lo más impactante de sus investigaciones fue descubrir que ciertas expresiones faciales son universales. Es decir, no importa si alguien nació en Colombia, Japón o Australia, muchas emociones se expresan de formas muy parecidas. Según Ekman, emociones como la tristeza, el miedo, el enojo, el asco, la sorpresa o el desprecio tienen patrones faciales que compartimos todos los seres humanos. Él mismo afirmó que: “Emotions are a process… influenced by our evolutionary and personal past” (Paul Ekman Group, LLC, 2026).


Pensar eso cambia bastante la manera en que vemos las relaciones humanas. Porque, aunque intentemos fingir o aparentar algo, el cuerpo muchas veces habla antes que las palabras. Todos hemos vivido situaciones donde alguien dice “no pasa nada”, pero su cara literalmente demuestra lo contrario. Los ojos caídos, la tensión en la boca o la mirada perdida terminan diciendo más que cualquier frase. Ahí es donde aparece el famoso FACS.


El Facial Action Coding System, o FACS, fue desarrollado por Paul Ekman y Wallace Friesen para analizar los movimientos musculares del rostro. Básicamente, funciona como una especie de “mapa facial” que identifica qué músculos se activan dependiendo de la emoción. No estudia emociones directamente, sino movimientos específicos de la cara llamados unidades de acción. Puede sonar muy técnico, pero en realidad lo vemos todos los días sin darnos cuenta.


Por ejemplo, cuando alguien siente enojo normalmente baja y junta las cejas, aprieta los labios y fija mucho la mirada. Cuando hay tristeza, los párpados se ven más caídos y la expresión pierde fuerza. El miedo, en cambio, suele mostrar ojos más abiertos y labios tensos. El desprecio es curioso porque muchas veces solo levanta un lado de la boca.


Ahora que uno lo piensa, es imposible no recordar situaciones cotidianas. Como cuando un profesor pregunta si alguien hizo la exposición y, antes de responder, alguien ya muestra miedo en la cara. O cuando un amigo dice que no le importa algo, pero el desprecio o la incomodidad aparecen por un segundo.


De hecho, Ekman también investigó los movimientos musculares, que son expresiones rápidas e involuntarias que duran fracciones de segundo. Son tan rápidas que muchas veces no las notamos conscientemente, pero ahí están. Muchas estas pueden aparecer cuando una persona intenta ocultar lo que siente realmente.   Esto explica por qué a veces sentimos que alguien “se ve raro” aunque no sepamos exactamente por qué. Nuestro cerebro alcanza a captar pequeñas señales emocionales incluso antes de analizarlas racionalmente.


Lo interesante es que esto no solo sirve para “detectar mentiras”, como muestran las series tipo Lie to Me. También puede ayudarnos a ser más empáticos. Muchas veces estamos tan concentrados en responder o en mirar el celular que ignoramos completamente las emociones de los demás. Tal vez alguien necesita ayuda y lo demuestra en su cara, pero nadie se detiene a observarlo realmente.


De hecho, en clase hicimos una actividad que me hizo entender muchísimo más las teorías de Ekman y lo complicado que es realmente detectar emociones. Cobos nos mostró varios videos de personas haciendo microexpresiones utilizando el sistema FACS, y nosotros teníamos que intentar adivinar qué emoción estaban sintiendo. Sonaba fácil al principio, pero cuando empezaron los videos fue realmente complicado, habia veces que no tenia ni idea de cual emoción estaba transmitiendo, ahí mi sexto sentido falló. Los gestos eran demasiado pequeños, casi invisibles, duraban literalmente una fracción de segundo. A veces alguien levantaba apenas un lado de la boca o tensaba los ojos por un instante y ya tocaba decidir si era miedo, desprecio, enojo o tristeza. Lo más interesante fue que el profesor nos dividió en dos grupos: mujeres y hombres, porque quería comprobar si las mujeres suelen detectar mejor las emociones o las señales no verbales. Pero también nos habló de cómo hoy en día, por culpa de tanta interacción virtual y menos comunicación cara a cara, supuestamente hemos ido perdiendo esa habilidad. Y honestamente, el resultado fue mucho más equilibrado de lo que todos esperábamos. Las mujeres no les ganamos realmente a los hombres.


Otro tema clave en sus investigaciones es la teoría de la emoción somática. Esta teoría propone que las emociones tienen una base biológica y corporal. No son simplemente ideas en nuestra cabeza, sino respuestas físicas que aparecen automáticamente en el cuerpo.

Otra actividad que hizo el profesor Cobos y que me pareció demasiado curiosa estaba relacionada con cómo el cuerpo también puede influir en las emociones. Dividió el salón en dos grupos: a unos nos puso un lápiz mordiéndolo con los dientes y a otros les tocó sostener el lápiz encima del labio, casi sin usar la sonrisa. Después empezó a mostrar chistes y videos con humor medio malo, de esos que normalmente uno ni siquiera se reiría tanto. Lo raro fue que sí se empezó a notar una diferencia entre los grupos. A Gabi, a Dani y a mí algunos sí nos dieron risa, éramos de las personas que tenían el lápiz mordido, y de hecho nosotros parecíamos reírnos mucho más fácil, mientras que los que tenían el lápiz encima del labio estaban muchísimo más serios. Ahí entendí mejor esa idea de la teoría de la emoción somática: a veces no solo las emociones cambian el cuerpo, sino que el cuerpo también puede influir en cómo sentimos las emociones. El simple gesto de activar músculos parecidos a una sonrisa hacía que algunas personas reaccionaran más al humor, incluso cuando los chistes no eran tan buenos.


Esto hace pensar bastante en cómo el cuerpo y la mente están mucho más conectados de lo que creemos. A veces uno piensa que puede controlar totalmente lo que siente, pero el cuerpo termina reaccionando solo. ¿Quién no ha sentido las manos sudadas antes de una exposición? ¿O el nudo en el estómago antes de recibir una mala noticia? Incluso cuando intentamos aparentar tranquilidad, el cuerpo manda señales.


En otras palabras, Ekman defendía estas respuestas emocionales porque ayudaron a la supervivencia humana. El miedo servía para reaccionar ante peligros; el asco evitaba alimentos dañinos; el enojo ayudaba a defenderse.


Sin embargo, uno de los temas más polémicos relacionados con Ekman es el polígrafo. Mucha gente cree que esta máquina puede descubrir automáticamente si alguien miente, pero en realidad no funciona así. El polígrafo mide cambios fisiológicos como la respiración, el ritmo cardíaco o la sudoración. El problema es que esas reacciones no significan necesariamente mentira. Una persona puede estar nerviosa simplemente porque tiene miedo de ser juzgada o porque está bajo presión. Esta parte fue muy chistosa porque Cobos nos mostró videos de un canal de televisión que hacían esta actividad del poligrafo a cambio de una gran suma de dinero, y las preguntas que le hacían al hombre eran realmente incómodas y privadas, sin embrago al hombre le ganó la avaricia y se quedo con millones de pesos, pero sin una familia. Muchas veces no es la mejor opción confiar plenamente en un polígrafo ya que ademas de tener consecuencias negativas puede tener un margen de error que interfiera en las respuestas. 


Y ahí aparece algo importante, no deberíamos obsesionarnos con descubrir una mentira. Hoy en día, en redes sociales especialmente, parece que todo el mundo quiere analizar a los demás, encontrar “red flags” o interpretar gestos mínimos. Pero las emociones humanas no son matemáticas exactas. Una expresión puede significar muchas cosas dependiendo del contexto. Alguien puede verse serio simplemente porque está cansado, no porque esté molesto.


Creo que ahí está lo más interesante de Paul Ekman, nos hace prestar atención a cosas que normalmente ignoramos. Después de conocer sus teorías, uno empieza a notar expresiones faciales en todas partes. En entrevistas, discusiones familiares, videos virales o incluso en uno mismo frente al espejo. Y aunque no podamos leer la mente de nadie, sí podemos entender que el cuerpo constantemente comunica emociones.


Al final, las investigaciones de Ekman muestran algo bastante humano: por más que intentemos escondernos detrás de palabras, filtros o actuaciones sociales, las emociones siguen encontrando maneras de salir. Tal vez por eso entender las emociones no sirve solo para estudiar psicología o detectar mentiras, sino también para comprender mejor a las personas que tenemos alrededor… e incluso a nosotros mismos. 


Referencias bibliográficas:

Paul Ekman Group, LLC. (2026, 13 abril). Universal Emotions | What are Emotions? | Paul Ekman Group. Paul Ekman Group. https://www.paulekman.com/universal-emotions/

Isabella Melgarejo


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