A veces uno está viendo una película con alguien y pasa algo curioso: mientras tú piensas que una escena es súper profunda y triste, la otra persona dice “meh, normal”. Ese momento, que parece tan simple, en realidad dice mucho sobre cómo entendemos la realidad. No todos vemos lo mismo, aunque estemos mirando exactamente la misma pantalla. Y ahí es donde empiezan a tener sentido los paradigmas de investigación: distintas formas de ver, interpretar y analizar el mundo.
Cuando hablamos de “paradigma”, no estamos hablando solo de una teoría complicada, sino de una especie de lente con el que miramos la realidad. Siguiendo la idea de Thomas Kuhn, un paradigma es como ese conjunto de creencias que compartimos y que nos dice qué es importante, qué cuenta como conocimiento y cómo debemos investigarlo. No es solo “qué pensamos”, sino “cómo pensamos”. Y eso cambia completamente la forma en que analizamos cualquier fenómeno, incluyendo algo tan cotidiano (y tan importante para mí) como el cine o las series.
Dentro de los paradigmas que trabajamos en clase, hay tres que marcan diferencias muy claras: el positivista, el interpretativo y el sociocrítico. Cada uno responde de manera distinta a preguntas básicas: ¿qué es la realidad?, ¿cómo la conocemos? y ¿cómo la estudiamos?
El paradigma positivista es el más “científico”. Parte de que la realidad es objetiva, que está ahí afuera y que se puede medir. Aquí lo importante son los datos, los números y la posibilidad de comprobar cosas. Por ejemplo, si analizamos una película desde este enfoque, podríamos contar cuántas escenas de acción tiene, cuánto duran los diálogos o incluso hacer encuestas para ver si al público le gustó o no. Todo se vuelve medible. La idea es encontrar patrones que se puedan repetir y generalizar.
Pero siendo sincera, cuando pienso en el cine, este enfoque se me queda corto. Sí, puede ser útil para ciertas cosas, como entender tendencias de consumo o qué tipo de películas funcionan más en la taquilla. Pero el cine no es solo números. No vemos películas para contar escenas, sino para sentir algo, para conectar, para interpretar.
Ahí es donde entra el paradigma interpretativo, que personalmente me parece mucho más cercano a lo que me interesa. Este paradigma dice que la realidad no es una sola, sino que depende de cómo la vive cada persona. Aquí lo importante no es medir, sino entender. Las emociones, las experiencias y los significados son el centro.
Volviendo al ejemplo de la película: desde este enfoque, no importa tanto cuántas veces aparece un personaje, sino qué significa ese personaje para quien lo ve. Una misma historia puede generar interpretaciones completamente distintas. Por ejemplo, una serie puede ser vista por alguien como una historia de amor, mientras que otra persona la interpreta como una crítica social. Ninguna está “mal”, simplemente son formas distintas de ver lo mismo.
En el campo audiovisual, esto es clave. Las películas, las series, incluso los videos en redes, están llenos de significados que no se pueden medir con números. Se construyen a partir de símbolos, narrativas y emociones. Por eso, herramientas como entrevistas o conversaciones (como las que hacemos con rapport) son mucho más útiles que una simple encuesta.
Luego está el paradigma sociocrítico, que me parece aún más interesante porque no se queda solo en entender, sino que quiere cambiar las cosas. Este enfoque dice que la realidad no es neutral, que está llena de desigualdades y relaciones de poder. Entonces, investigar no es solo observar, sino también cuestionar y transformar.
Si lo llevamos al cine, este paradigma nos hace preguntarnos cosas como: ¿por qué casi siempre los protagonistas son de cierto tipo?, ¿qué estereotipos se repiten?, ¿a quiénes no se les da voz? Por ejemplo, muchas películas han sido criticadas por cómo representan a las mujeres o a ciertas culturas. Desde el enfoque sociocrítico, no solo analizas eso, sino que buscas generar conciencia sobre esos problemas.
Comparando los tres paradigmas, es claro que cada uno cambia completamente la forma de ver un mismo fenómeno. Si volvemos a una película con contenido violento, el positivista contaría las escenas y mediría su impacto; el interpretativo intentaría entender qué significa esa violencia para el espectador; y el sociocrítico analizaría cómo esa representación puede influir en la sociedad o reforzar ciertas ideas.
En mi caso, que estoy muy interesada en todo lo audiovisual en el cine, siento que el paradigma interpretativo es el que más me sirve, porque me permite analizar lo que realmente me importa: los significados, las emociones, las historias. Sin embargo, también creo que el sociocrítico es clave, porque no se puede ignorar el impacto social que tienen los contenidos que consumimos. Al final, siento que combinar ambos es lo más completo.
Por otro lado, el tema del rapport fue algo que me hizo aterrizar todo esto a algo mucho más real. Básicamente, el rapport es esa capacidad de generar confianza con otra persona para que la conversación fluya de manera natural. No es solo hacer preguntas, sino crear un ambiente donde la otra persona se sienta cómoda.
En mi caso, tuve una conversación con una amiga sobre las series y películas que le gustan. Desde el inicio traté de que no se sintiera como una entrevista. Empecé hablando de mi serie favorita que ya he visto 5 veces (team Grey´s Anatomy por siempre), eso ayudó a que ella también se soltara. No fue como “responde esto”, sino más como una charla normal.
Algo que hice fue usar preguntas abiertas, tipo “¿qué fue lo que más te gustó de esa serie?” en vez de preguntas de sí o no. También traté de escuchar de verdad, no solo esperar a que terminara para hacer otra pregunta. Asentía, hacía comentarios, y eso hizo que la conversación se sintiera más natural.
Al principio, sus respuestas eran un poco básicas, como “me gustó porque es entretenida”, pero poco a poco empezó a profundizar más. Llegó un punto en el que empezó a hablar de cómo se sentía identificada con ciertos personajes y cómo algunas historias le recordaban cosas de su vida. Ahí fue cuando sentí que el rapport sí estaba funcionando.
Igual, no todo fue perfecto. Hubo momentos en los que la conversación se desviaba mucho del tema, y me costaba volver sin que se sintiera forzado. También noté que generar confianza toma tiempo, no es algo inmediato.
En conclusión, entender los paradigmas de investigación no es solo algo “académico” que sirve para pasar una materia, sino una forma de volverse más consciente de cómo uno mira el mundo. Darse cuenta de que no existe una única manera de entender la realidad cambia mucho las cosas: te hace cuestionar lo que ves, lo que consumes y hasta lo que das por hecho. Experiencias como aplicar el rapport demuestran qie escuchar de verdad, generar confianza y conectar con alguien también es una forma de conocimiento, una que no se mide con números, pero que puede ser incluso más valiosa.
Queda una pregunta que va más allá de la clase o de escribir esta bitácora: si todos vemos el mundo desde perspectivas distintas, ¿cuántas cosas estamos dejando de entender solo porque creemos que nuestra forma de verlas es la única?
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