martes, 3 de marzo de 2026

Bitácora 5 - No todo es un reflejo automático

Durante 10 minutos no fui estudiante, ni vecina, ni observadora crítica del mundo. Simplemente, fui una persona que con su par de ojos miraba al parque que queda al frente de mi casa. Intenté hacer algo que me parece fácil, pero no lo es: mirar sin interpretar. Mirar sin juzgar. Ese pequeño experimento cotidiano terminó convirtiéndose en una entrada a términos muy grandes: la fenomenología, la teoría fundamentada y una reflexión sobre las leyes de los espejos.

La fenomenología, propuesta por Edmund Husserl, parte de la idea de regresar a las cosas mismas. No a las teorías sobre las cosas, no a las opiniones heredadas, sino a la experiencia tal como sucede. Husserl plantea que, antes de explicar el mundo, debemos aprender a describirlo. Y para lograrlo propone el “epojé”, la suspensión del juicio. Esto implica omitir nuestras creencias, prejuicios y conocimientos previos para atender únicamente a lo que aparece ante nosotros.

Aplicar el epojé no significa dejar de pensar, sino dejar de interpretar de inmediato. Es frenar esa tendencia automática que tenemos de clasificar, etiquetar y explicar todo lo que vemos. En investigación, el proceso de fenomenología continúa con la recolección de datos y termina en la búsqueda de la esencia, es decir, aquello que hace que una experiencia sea lo que es. Aunque enfrenta desafíos como el subjetivismo y la dificultad para generalizar resultados, la fenomenología ofrece algo que otras metodologías a veces pierden: profundidad, empatía y un verdadero retorno a lo humano.

En contraste, la teoría fundamentada, desarrollada por Barney Glaser y Anselm Strauss en 1967, propone construir una teoría directamente desde los datos. En lugar de partir de una hipótesis previa, el investigador recoge información y, mediante el método de comparación constante, analiza fragmentos de datos para encontrar similitudes y diferencias. Las categorías no se imponen, estas emergen. Esta metodología es útil cuando se estudian fenómenos sociales complejos que no han sido suficientemente explorados. Si la fenomenología busca la escénica de la experiencia, la teoría fundamentada busca generar teorías a partir de ella.

Ahora bien, les contaré cómo me fue en la actividad “Aplicando el epojé en la observación social”.

El profesor Cobos mencionó que debíamos escoger un lugar público, yo escogí el parque que queda al frente de mi casa y lo observé durante diez minutos. Suspendiendo mis juicios, no interpreté y solo describí.

Vi una cancha de futbol con líneas blancas y dos arcos metálicos. Observé dos canchas de basketball con tableros rectangulares y aros naranjas. Había un mini gimnasio, con 5 máquinas metálicas pegadas al suelo. También había un parque para niños con columpio, un puente de cuerdas y un rodadero. Varias personas caminaban alrededor, algunas iban solas, otras acompañadas. Pasaban personas con sus perros. Una mujer estaba sentada en una banca mientras hablaba por teléfono. Dos jóvenes jugaban en la cancha de basketball. Un hombre estaba trotando alrededor del parque. Escuché mucho ruido, tanto de carros pasando, como de personas hablando, niños gritando o perros ladrando.

Eso fue todo. Solo empecé a describir movimientos, objetos, sonidos y posiciones del espacio.

Cuando evité juzgar la realidad de inmediato, mi percepción cambió radicalmente. Noté que mi mente intenta completar las escenas con historias: inventa emociones, intenciones o explicaciones. Como afirma Stephen R. Covey, “We see the world not as it is, but as we are conditioned…” (Covey).  Desde esta perspectiva, la fenomenología intenta justamente romper con esos condicionamientos para volver a la experiencia real. Al sustentar el juicio, la realidad se volvió más concreta y más compleja. Descubrí que muchas de mis interpretaciones habituales no son hechos, sino construcciones automáticas.

 

Lo más revelador fue darme cuenta de que percibo lo social desde marcos previos que rara vez me cuestiono. Suelo etiquetar rápidamente: responsable, distraído, comprometido, indiferente. El epojé me mostró que antes de interpretar debería aprender a describir.

 

En este punto entra la teoría de las leyes del espejo de Yoshinori Noguchi. Esta propuesta afirma que lo que me molesta del otro está dentro de mí, que lo que al otro le molesta de mí, si me afecta, también me pertenece, que lo que admiro en el otro refleja cualidades propias y que aquello que no me afecta revela más del otro que de mí.

 

Esta idea también se relaciona con la Teoría del Yo Espejo de Cooley, la cual sostiene que nuestro autoconcepto, autoestima y autoimagen se ven condicionados por lo que creemos que los demás ven y piensan de nosotros (Cooley). Desde esta perspectiva, las interacciones sociales funcionan como espejos que devuelven una imagen de nosotros mismos.

 

Sin embargo, no estoy completamente de acuerdo con esta teoría de los espejos. Aunque puede ser una herramienta útil de exploración, me parece problemática cuando se convierte en una regla absoluta. No todo lo que me molesta del otro necesariamente está en mí. Si alguien empuja a otro en la cancha, mi molestia puede responder simplemente a una reacción ética frente a una conducta inapropiada.

 

Para mí las leyes del espejo pueden servir como herramienta de introspección, pero no deberían asumirse como explicación universal de todas las emociones sociales. A veces el otro no refleja algo mío, sino que evidencia una diferencia real en valores, límites o comportamientos.

 

Si integro la fenomenología, la teoría fundamentada y las leyes del espejo, encuentro un proceso más completo. Primero describo la experiencia sin prejuicios, luego analizo sistemáticamente los datos para identificar patrones y, finalmente, reflexiono críticamente sobre mis propias proyecciones internas, sin asumir que todo es un reflejo automático.

 

Observar el parque durante diez minutos me enseñó que la investigación no empieza en los libros, sino en la mirada. Aprendí que, antes de explicar el mundo, debo aprender a verlo. Y que investigar no solo transforma lo que sé sobre la realidad, sino también la forma en que me relaciono con ella. En el fondo, la fenomenología me obligó a aceptar algo incómodo pero poderoso: no siempre vemos las cosas como son, las vemos como somos.

 

Referencias:

·      Montagud Rubio, N. (2025, 20 abril). La teoría del yo espejo de Cooley: qué es y qué dice sobre la autoestima. Psicología y Mentehttps://psicologiaymente.com/social/teoria-yo-espejo-cooley

·      Online, E. (2026, 9 enero). Quote of the day from Stephen R. Covey’s 7 Habits of Highly Effective People: ’We see the world not as it. The Economic Timeshttps://economictimes.indiatimes.com/magazines/panache/quote-of-the-day-from-stephen-r-coveys-7-habits-of-highly-effective-people-we-see-the-world-not-as-it-is-but-as-we-are-conditioned-/articleshow/126372182.cms?from=mdr


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Bitácora 13 - No es solo el sexto sentido

Muchas veces me amigas o familiares me han dicho que están bien, pero en realidad sus caras demuestran todo lo contrario. Es un sentimiento ...